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Cómo ayudar a tu hijo con las matemáticas en casa
No hace falta que se te den bien las matemáticas para ayudar a tu hijo o hija con ellas. Lo que más cuenta en casa no es saberse el método exacto que usan en clase, sino cómo se viven las mates: si son algo que se hace en familia, con calma y a menudo, o algo que acaba en lágrimas en la mesa de la cocina. Esta guía va de eso: de conseguir que en casa las mates sean un buen rato y no una batalla.
Poco y a menudo
Cinco minutos al día valen mucho más que una hora el domingo por la tarde. Los ratos cortos no cansan, y lo que sale una y otra vez es lo que se queda. Y lo mejor es que casi nada de esto tiene por qué parecer «hacer mates»:
- Cuenta los escalones con él al subir a casa y, al bajar, cuéntalos hacia atrás de 2 en 2.
- En el coche, pregúntale «¿cuánto son 6 + 7?» y deja que él te haga otra pregunta a ti.
- Al poner la mesa: «Si hoy viene la abuela a comer, ¿cuántos tenedores necesitamos?».
- En la parada del autobús: «El autobús llega a las 17:42 y son las 17:35. ¿Cuántos minutos faltan?» (7).
En nuestras ideas de mates para el día a día tienes 36, ordenadas por cursos.
Habla de mates y haz buenas preguntas
Los niños aprenden mucho al poner en palabras lo que piensan. En clase se les pide que expliquen cómo lo han pensado, no solo que den el resultado, así que hacer las mismas preguntas en casa ayuda de verdad. Prueba con estas:
- «¿Cómo lo has pensado?»
- «¿Se te ocurre otra manera de hacerlo?»
- «¿Me lo dibujas o me lo enseñas con estos botones?»
- «¿Qué te llama la atención?»
- «Más o menos, ¿cuánto crees que va a dar?» (A esto en clase lo llaman estimar, y sirve para darse cuenta de que un resultado no tiene ni pies ni cabeza.)
- «¿Eso pasa siempre, a veces o nunca?»
Hazlas también cuando la respuesta está bien, no solo cuando está mal. Si «¿cómo lo has hecho?» solo aparece después de un fallo, tu hijo aprende que esa pregunta significa «te has equivocado», y deja de querer explicarse.
Elogia el esfuerzo, no lo «listo» que es
«¡Qué listo eres!» suena cariñoso, pero puede tener el efecto contrario. Un niño al que se elogia por ser listo puede empezar a evitar los retos difíciles, por si resulta que no lo es tanto. Mejor elogia lo que ha hecho:
- «Has seguido intentándolo aunque te estaba costando».
- «Me gusta que hayas comprobado el resultado».
- «Como no te salía, has probado de otra manera».
- «Te has equivocado, pero mira cuánto has aprendido con ese error».
Y regálale una palabra pequeña y poderosa: todavía. Cuando diga «no sé hacer las restas llevando», contéstale: «Todavía no sabes». Cambia por completo el mensaje: no es que no pueda, es que aún está aprendiendo.
Equivocarse es parte normal de aprender. Los maestros suelen ver los errores como algo útil, porque muestran cómo está pensando el niño. Tú puedes hacer lo mismo: «¡Qué interesante! Cuéntame cómo lo has hecho».
Deja que sea él quien enseñe
Una de las mejores frases que puedes decir es «Ya no me acuerdo de cómo se hacía esto. ¿Me lo enseñas?». Saber explicar un método demuestra mucho más que saber aplicarlo. Si tu hijo es capaz de enseñarte paso a paso una suma llevando, es que la entiende; si se atasca a mitad de la explicación, ya sabes dónde está la dificultad, sin necesidad de ningún examen.
Si tu hijo se atasca, resiste la tentación de coger tú el lápiz. Pregúntale «¿qué sabes ya?» o «¿por dónde podrías empezar?», y espera al menos diez segundos antes de decir nada más. Es en ese silencio cuando de verdad está pensando.
Los deberes, sin peleas
En Primaria, los deberes de mates suelen ser cortos: unas cuentas en el cuaderno, un par de problemas del libro o una ficha. Esta rutina ayuda a que sigan siéndolo:
- Busca un buen momento. Ni nada más salir del cole, con hambre, ni justo antes de dormir. Después de la merienda suele funcionar mejor.
- Lee el enunciado con él. Muchos «no sé hacerlo» son en realidad «no entiendo qué me piden». En los problemas ayuda escribir por separado los datos, la pregunta, la operación y la solución, como se hace en muchas clases.
- Deja que lo intente primero. Siéntate cerca, sin estar encima.
- Da una pista, no la respuesta. «¿Y si pruebas con números más pequeños?» o «¿Puedes hacer un dibujo?» son buenas pistas.
- Mira cómo ha colocado la cuenta. Si en su clase hacen las cuentas en vertical, muchos fallos vienen de no poner unidades debajo de unidades. En un cuaderno de cuadritos, escribir una cifra en cada cuadro ayuda mucho.
- Para a tiempo. Si se está convirtiendo en una pelea, déjalo por hoy. Escribe una nota corta a la tutora o al tutor en la agenda (o por la plataforma del cole), por ejemplo: «A Martín le ha costado mucho el problema 4 y lo hemos dejado a los 15 minutos». Eso le dirá mucho más que un ejercicio resuelto por ti.
No pasa nada si el cuaderno o la ficha vuelven al cole con algún fallo. En el cole usan los deberes para ver qué sabe hacer tu hijo por sí solo.
Cuando no conoces el método
Las mates no se enseñan igual que hace 20 o 30 años, y muchas familias descubren en el cuaderno de sus hijos palabras como «desagrupar», «método ABN» o «regletas». Es normal. En España conviven, sobre todo, tres maneras de hacer una resta como 62 − 38:
- El algoritmo tradicional, la «resta llevando» que aprendimos casi todos: «De 8 a 12 van 4 y me llevo una. 3 y una, 4; de 4 a 6 van 2». Resultado: 24.
- Desagrupar (o «pedir prestado»), que usan muchos libros actuales: como a 2 no se le pueden quitar 8, una de las 6 decenas se cambia por 10 unidades. Se tacha el 6 y se escribe un 5, y las 2 unidades pasan a ser 12: 12 − 8 = 4. Luego, 5 − 3 = 2. Resultado: 24.
- El método ABN, que trabaja con números completos en vez de cifra a cifra. Una forma es quitar lo mismo a los dos: 62 − 38 da lo mismo que 54 − 30 (8 menos a cada uno), es decir, 24.
Las tres dan 24, pero los pasos son muy distintos, y qué método se usa depende del colegio. Esto es lo que ayuda:
- Pídele que te lo enseñe. Él es quien sabe cómo se hace en su clase.
- Echa un vistazo al cuaderno y al libro. Ahí verás cómo colocan las cuentas en clase.
- Pregúntalo en una tutoría. El tutor o la tutora te dirá si usan el algoritmo tradicional, si desagrupan o si trabajan con ABN. Suelen agradecer que las familias pregunten.
- Lee nuestra guía sobre cómo se enseñan hoy las mates, que explica los métodos más habituales con dibujos.
¿Y el método que aprendiste tú? Si da el resultado correcto, no está mal. Pero una segunda manera en mitad de los deberes puede liar a un niño que todavía está asentando la primera, sobre todo si en su cole usan ABN. No le enseñes en casa «la otra forma» sin hablarlo antes con el tutor o la tutora: deja que haga los deberes como en clase, y guarda el «pues yo lo aprendí así» para cuando ya domine su método, como una curiosidad.
Que las mates sean algo agradable
Los niños se fijan en cómo hablan de las mates los adultos. Evita decir «yo era un desastre con las mates» o «yo las odiaba», aunque sea en broma. Tu hijo puede entender «entonces da igual si a mí tampoco se me dan bien». Si a ti las mates te agobian, nuestra guía «Se me dan mal las mates» también tiene ideas para ti.
Otras ideas para que las mates sean un buen rato:
- Saca los juegos de mesa y las cartas. En el parchís o la oca se cuentan casillas, en el dominó se cuentan puntos y en la escoba hay que juntar 15: todo eso son mates.
- Deja el juego cuando todavía se lo esté pasando bien: así tendrá ganas de repetir.
- Déjate pillar. De vez en cuando, equivócate a propósito («entonces, ¿5 + 5 son 11?») y deja que te corrija.
- Comenta en voz alta las mates que veas: «Este cartón trae una docena de huevos, en dos filas. ¿Cuántos hay en cada fila?» (6).
Preguntas rápidas
Para la mayoría de los niños de Primaria bastan de cinco a diez minutos al día, aparte de los deberes, y casi todo puede ser charla, juegos y mates del día a día en lugar de fichas.
No. Elige una sola cosa para comentar, a ser posible pidiéndole que te explique cómo lo ha pensado, para que encuentre el error él solo. Corregirlo todo puede hacer que le dé miedo intentarlo.
A algunos niños les vienen bien, pero no son imprescindibles. Los juegos cortos y la conversación suelen ayudar más. Si quieres algo para imprimir, nuestras fichas gratis traen las soluciones.
Habla primero con su tutor o tutora. Te dirá qué le cuesta, qué conviene practicar y, si hace falta, qué refuerzo puede darle el colegio. En nuestras guías por cursos verás lo que se suele trabajar en cada uno.
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