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Cuando tu hijo dice «se me dan mal las mates»
«Se me dan fatal las mates», «yo no valgo para esto», «odio los números»: oírselo a tu hijo o hija duele, y más si tú sentías lo mismo en el colegio. La buena noticia es que lo que un niño siente por las matemáticas puede cambiar, y los adultos que tiene cerca pueden ayudar mucho. Esta guía explica cómo reconocer la ansiedad matemática y qué puedes hacer en casa.
¿Qué es la ansiedad matemática?
La ansiedad matemática es una sensación de nervios, agobio o miedo cuando toca hacer mates. No es lo mismo que tener dificultades con las matemáticas. Hay niños muy capaces que lo pasan mal con ellas, y son los propios nervios los que les frenan. Cuando un niño se bloquea, le cuesta muchísimo más recordar una tabla o seguir los pasos de un problema, y el fallo parece darle la razón («¿Ves? Se me dan mal»). Se trata de romper ese círculo vicioso.
Señales en las que fijarse
- Dice «no sé hacerlo» antes de intentarlo, o se rinde enseguida.
- Le duele la tripa, llora o se enfada cuando toca hacer los deberes de mates, o el día que hay control.
- Hace las cuentas a toda prisa para quitárselas de encima, o pone cualquier resultado a ver si acierta.
- Se queda en blanco con preguntas que normalmente sabe, sobre todo si hay prisa.
- Lo evita: «se le olvidan» los deberes, o de repente tiene que ir al baño justo cuando sale el cuaderno de mates.
- Se compara con los demás: «todos han terminado antes que yo».
Cualquier niño tiene un mal día. Lo que merece atención es que estas señales se repitan una y otra vez.
En el cole también se trabajan las emociones
En el currículo oficial de Primaria, el Real Decreto 157/2022, las matemáticas tienen un apartado dedicado precisamente a esto. Junto a los números, la medida o la geometría está el sentido socioafectivo: reconocer y gestionar las emociones, tolerar la frustración, perseverar y ver el error como una oportunidad de aprendizaje. Una de las competencias de la asignatura habla de identificar y gestionar las emociones ante los retos matemáticos, «aceptando el error como parte del proceso de aprendizaje».
Así que ayudar a tu hijo a perder el miedo a equivocarse no es un extra: forma parte de aprender mates.
Cambia las palabras: «todavía»
Muchos niños creen que ser bueno en mates es algo con lo que se nace: o lo tienes o no lo tienes. En el cole se intenta cambiar esa idea por otra: todos mejoramos practicando, y que algo cueste es parte de aprender, no la prueba de que no eres capaz.
En casa puedes reforzarlo con una palabra muy pequeña: «todavía».
- «No me salen las fracciones» se convierte en «todavía no me salen».
- «No me sé la tabla del 7» se convierte en «todavía no me la sé, pero ya me sé la del 2, la del 5 y la del 10».
Otras frases que ayudan:
- «Cuesta, sí. Así es como se entrena el cerebro».
- «¿Qué parte sí sabes hacer?».
- «Los errores nos dicen qué tenemos que practicar».
- «¿Te acuerdas de cuando no te sabías los amigos del 10? Pues ahora sí».
Y algunas que conviene evitar, aunque se digan con todo el cariño: «No pasa nada, hay gente que no vale para las mates», «Venga, si esto es muy fácil» (si es fácil y no le sale, ¿cómo se va a sentir?) y «Date prisa».
Pon en la nevera una lista de «Cosas que ya sé hacer». Cada vez que tu hijo consiga algo que le costaba, apúntalo con la fecha. El día que diga «soy malísimo en mates», lee la lista con él.
Lo que tú sientes por las mates
A muchos adultos las mates les generan inseguridad, a menudo por cómo se las enseñaron. No es nada de lo que avergonzarse, pero los niños se fijan mucho en lo que decimos. Si tu hijo te oye decir «a mí también se me daban fatal», puede pensar que es cosa de familia y que no merece la pena esforzarse.
Algunas ideas que ayudan:
- Fíjate en lo que dices. Cambia «soy un desastre con los números» por «en el cole las mates me costaban, pero sigo aprendiendo».
- Enséñale que usas las mates y que no pasa nada por pensar despacio: «A ver, déjame pensar. Necesitamos 3 paquetes de 6 yogures, así que son 18 yogures».
- Busca respuestas con tu hijo. «No lo sé seguro, vamos a averiguarlo» es una frase que a un niño le viene muy bien oír.
- Gana confianza tú también. Nuestra guía sobre cómo se enseñan hoy las mates te explica los métodos que usa tu hijo en clase, y un reto diario para adultos puede hacer que los números te resulten más amables.
Practicar sin presión: juegos y mates de verdad
Un niño con ansiedad matemática necesita hacer muchas mates que no parezcan un examen: sin cronómetro, sin notas y sin público, para que las viva como algo seguro, e incluso divertido.
- Juegos de mesa y de cartas. El parchís, la oca, el dominó o el UNO hacen contar y sumar sin que nadie lo llame «hacer mates». Con la baraja española, la escoba es pura suma: si juegas un 7, te llevas un 5 y un 3 de la mesa, porque 7 + 5 + 3 = 15.
- Juegos con dados. Por turnos, se tiran dos dados y cada uno va sumando sus puntos; gana quien llegue antes a 50. Con niños mayores, se multiplican los dos números en lugar de sumarlos.
- Que haga de profe. Pídele que te enseñe algo que ha aprendido en clase. Explicar no se vive igual que responder a preguntas.
- Las mates de cada día. Cocinar, hacer la compra en el mercado o calcular a qué hora se llega al pueblo de los abuelos son mates con un sentido real. En Mates en el día a día tienes muchas ideas.
- Empieza por lo que ya le sale. Parte de algo que ya domina y añade solo un pasito más.
- Deja el reloj para más adelante. En España no hay ninguna prueba nacional de tablas contrarreloj, así que no hay prisa. La agilidad llega cuando el niño se siente seguro; poner el cronómetro puede empeorar los nervios.
Los retos y acertijos también ayudan, siempre que no haya obligación de terminarlos: atascarse y, de pronto, ver la solución es una de las mejores sensaciones que dan las mates.
Si lo que le agobia son los exámenes, ayuda saber cómo funcionan: las notas no salen solo de los controles, porque también cuentan el trabajo en clase y el cuaderno, y la evaluación de diagnóstico de 4.º no cuenta para sus notas. Lo explicamos en Las pruebas de mates, explicadas.
Cuándo hablar con el tutor o la tutora
Comentarlo con el tutor o la tutora de tu hijo siempre está bien, y es buena idea pedir una tutoría si:
- la preocupación dura más de unas semanas, o va a más;
- a tu hijo le da miedo ir al cole los días que hay mates;
- los deberes acaban en lágrimas a menudo, aunque se hagan en ratos cortos;
- crees que lo que le cuesta son las matemáticas en sí, no solo los nervios.
El tutor ve otra cara del niño y puede contarte qué pasa en las clases de mates. Si hace falta, el colegio puede ofrecer apoyo, por ejemplo refuerzo educativo en grupos pequeños; cómo se organiza depende de tu comunidad autónoma y del colegio.
Unos pocos niños tienen discalculia, una dificultad específica y duradera para entender los números. Si a tu hijo le sigue costando muchísimo lo más básico a pesar de recibir ayuda, coméntalo en la tutoría. El colegio puede pedir al orientador o a la orientadora (o al equipo de orientación) que lo valore.
Respuestas rápidas
No. Puede sentirla un niño al que las mates le van muy bien y uno al que le cuestan. Los nervios dificultan pensar, así que un niño con ansiedad suele rendir por debajo de lo que de verdad sabe.
Ese día, sí: déjalos y avisa al tutor o a la tutora con una nota breve en la agenda. Después pide una tutoría para buscar juntos la manera de que los deberes sean más llevaderos.
Sí. Con un apoyo tranquilo, muchos pequeños éxitos paso a paso y palabras positivas en casa y en el cole, la mayoría de los niños gana mucha confianza.
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